Archive for the 'momias' Category

Gigantes prehistóricos

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El hombre se ha preguntado por su propio origen desde hace milenios. Si nos fijamos en la historia de la paleoantropología (la parte de la antropología biológica que estudia la evolución humana y sus antepasados fósiles) vemos que religión, ideas y concepciones sociales se mezclan al intentar explicar de dónde venimos y quienes somos.

Las distintas religiones dieron explicaciones, a cual más pintoresca, sobre el origen del universo y del hombre. Estos mitos están basados sobre todo en la imaginación: según el hinduismo, Shiva creó el universo de un gran huevo de oro, que flotó durante cien años en las aguas; los incas creían que Viracocha creó cielo y tierra, y a los hombres a partir de figurillas de fango. Sería interminable relatar todos los mitos y leyendas que han dado su versión de nuestra génesis.

Interpretar el origen y significado de los fósiles también fue una tarea fértil para la imaginación: los griegos consideraban que los restos de piezas de la industria lítica eran piedras de relámpago lanzadas por el dios Zeus.

Durante la edad media, el conocimiento del cuerpo humano era limitado: sin la posibilidad de hacer autopsias, que estaban prohibidas, no había forma de conocer bien nuestro organismo. Pero Leonardo da Vinci hacía autopsias en secreto, así que pudo encontrar muchas concordancias entre primates y humanos. «El hombre se ha de describir en relación a las especies más similares a él, por ejemplo el babuino», dijo.

La afirmación de Da Vinci no acabó con las especulaciones imaginativas: Felix Platter, un médico Suizo, encontró unos huesos de grandes proporciones. Creyó que habían pertenecido a unos gigantes de unos 6 metros de altura, a los que consideró herejes, por tanto no podían ser enterrados en un cementerio.

Desgraciadamente, la condena a los gigantes fue la causa de que estos fósiles desaparecieran. Poco después Herion calculó la altura de estos posibles gigantes prehistóricos a partir de unos huesos de mamut. Según los restos de que disponía, llegó a la conclusión de que la pareja primigenia, Adán y Eva, habían medido 41 metros él, y 39 ella.

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Otro «gigante prehistórico» es el hombre de Cardiff (debajo de estas líneas), un hombre en teoría petrificado descubierto en el s. XIX, en fin, una escultura que inspiró otros engaños similares.

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En todo caso, y volviendo al tema de quiénes somos y cómo vinimos a parar aquí, aunque muchas de las explicaciones anteriores son a nuestros ojos de lo más cómico, desembocaron en teorías como el catastrofismo, formulada por Cuvier, que dice que los cambios geológicos y biológicos en la Tierra son debidos a alteraciones súbitas y violentas. La formulación de los principios de la evolución estaba aún por venir.

Para saber más | Gigante de Cardiff
Para saber más | Entrevista con el director del Yacimiento de Atapuerca

La vida de los cadáveres

istock_000004080073small.jpgHace pocos días visité la exposición «Bodies»,  la muestra donde se exponen cuerpos humanos sin vida, que es lo mismo que decir cadáveres, con una intención más o menos educativa.  La cosa tiene su morbo. No deja de sorprender la afluencia de visitantes, las colas daban la vuelta a la manzana. Y se entiende, pues excepto los especialistas, pocas personas tienen ocasión de observar las interioridades del cuerpo humano sin acabar en prisión.
Bromas aparte, cayó en mis manos un libro que no sé si llamar espeluznante, curioso o las dos cosas a la vez. Está escrito por Mary Roach, una periodista norteamericana que se ha dedicado a investigar sobre los cadáveres y su relación de los vivos, o mejor dicho, al revés. Porque como explica la autora, los cadáveres son vistos como cosas por los que tratan con ellos.  Pero vayamos por partes. Al parecer, los cadáveres pueden ser de gran utilidad en el estudio de diversos temas: entre ellos, la balística, la protección contra minas, el estudio de la anatomía humana por los futuros médicos, el entrenamiento en la práctica de la cirugía por parte de doctores perfeccionistas, el descubrimiento de la causa de accidentes aéreos cuando falla la caja negra o la resistencia al choque cuando uno va detrás de un volante.
En fin, múltiples hazañas que esperan tras la vida terrenal a los amantes de la emoción, que no tienen más que donar su cuerpo a la ciencia.

Para saber más | Fiambres, la fascinante vida de los cadáveres
Para saber más | Bodies, the exhibition

Reinas en conserva

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Sirva este breve post como complemento a la lectura de Hombres en conserva. En el último número de Babelia, En busca de las reinas perdidas, un ameno artículo de Jacinto Antón cuenta la historia de las momias de tres reinas egipcias. La excusa: el hallazgo de la reina Nefertiti en los sótanos del museo del Cairo
En Egiptomanía Anna Mañes recoge en un artículo algunas notas de Herodoto sobre las técnicas de momificación y rituales en el antiguo Egipto. Una curiosidad: la lista de precios detallada del embalsamador.
En la imagen, un nuevo individuo en conserva: el hombre de Tollund, hallado en Jutlandia en los cincuenta y datado en los siglos V-IV a.C.

Hombres en conserva

 

 

 

 

 

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El cadáver en perfecto estado de un soldado indio fue encontrado hace unos días en el Himalaya. El hecho no sería noticia si Mahendranath Phukan no hubiera muerto hace 39 años. Gracias al poder fijador del glaciar donde estrelló su avión, Mahendranath ha vivido como en un gran tanque de formol durante casi 40 años, entrando a formar parte de la galería de cuerpos indiferentes al tiempo. Imaginen cómo estará que un militar indio ha declarado que Phukan está «intacto».
Investigando ese selecto grupo de cuerpos incorruptos me he dado cuenta de que no se les puede considerar muertos del todo. Porque en efecto, son portadores de un mensaje involuntario, pero mensaje al fin y al cabo: «mira lo que te espera». No hay forma de responderles directamente, así que creo que es instintivo acabar recurriendo a un sucedáneo un tanto previsible: conocer sus vidas. No hay otra forma de comunicación posible con un hombre casi muerto.
El primero que me ha venido a la cabeza ha sido Oetzi, a quien llaman el hombre más viejo del mundo. No en vano, tiene 5.300 años. Le encontraron unos turistas italianos a 3.000 metros de altitud, con unos pantalones de piel de cabra y una capa (Oetzi, no los turistas). Así que la historia despertó especulaciones y una disputa entre Italia y Austria por la propiedad del cuerpo. Al final se supo que murió desangrado a causa de una flecha (debió ser una muerte dulce). Morir de frío, de hambre o en una avalancha no hubiera estado a la altura del hallazgo.
Al morir el alpinista George Mallory tenía más o menos los mismos años que Phukan llevaba en el hielo La historia es bien conocida y desde luego, tiene unos intensos tintes épicos teñidos de miserable avaricia. Su cadáver congelado fue encontrado por una expedición estadounidense a 300 metros de la cumbre. Corrió el rumor de unas fotos del cadáver vendidas a 40.000 dólares pieza. Es una prueba más del interés, morboso o no, que los cuerpos incorruptos despiertan en los vivos.
En climas más cálidos el efecto congelación no es posible, pero la momificación lo puede todo, y ahí están la momia de Ramsés II, la Dama de Kemet y, en Cuba la momia de Matanzas. Esta última es una momia humilde, son sólo 135 años de antigüedad, pero da testimonio de las técnicas de momificación en la isla, muy al uso allá por el siglo XIX.
Ochenta años después de ser enterrado, el cuerpo embalsamado de Josefa Ponce de León dejó la tranquilidad subterránea del cementerio. El hecho, como es lógico, generó una avalancha de visitantes tal que la administración del camposanto decidió ocultarlo de las miradas curiosas. No acaba ahí la odisea de la momia de Matanzas. Veinte años después de ser desenterrada, sufrió una «agresión» que le dañó rostro y cabeza. Y es que, un rostro desfigurado es incapaz de comunicar mensaje alguno.

 

En la imagen, gafas protectoras de nieve encontradas en el bolsillo de George Mallory, desaparecido en 1924.


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